Odio todo. La serie: «Odio a los jefes»

El jefe siempre es un idiota. El que habla de paradigmas, el que suelta “poner en valor” y el que te pide soluciones a problemas que ha creado él mismo. Hasta que un día miras alrededor… y no hay nadie más: el idiota eres tú. En una nueva entrega de “Odio todo”, Chiqui Palomares —odiador profesional y azote del lenguaje corporativo— dispara contra esa figura tan odiada como inevitable. Porque puedes huir de todos los jefes… menos del que te toca cuando eres autónomo.

¿No odias cuando tu jefe es un imbécil que te maltrata y usa el látigo sin mesura (no solo cuando es justo) y no le preocupan tus problemas y peculiaridades sino solo los resultados y de pronto te das cuenta de que eres autónomo y comprendes que el papanatas de tu jefe eres tú mismo?

Yo lo odio.

Puedo decir, modestamente, que soy un experto en jefes, porque he sido uno de ellos y también he tenido muchos, de los cuales sólo tres eran verdaderamente espantosos (podéis entrar en mi Linkedin, descargar mi CV y hacer apuestas en Polymarket sobre la identidad de esos jefes horribles). Ahora soy mi propio jefe y tengo el 92% de sus defectos, pero no su ventaja principal.

Es probable que el mundo fuera un lugar mejor sin jefes (excepto yo). Una Arcadia feliz en la que todo avanzaría de una manera fluida. Lo sabemos porque hemos leído al gran filósofo y costumbrista español Francisco Ibáñez, que retrató como nadie los usos y costumbres patrios. En sus obras, el jefe es siempre un gañán o un tipo que no se entera de nada: sólo exige, a menudo a gritos. En Pepe Gotera y Otilio, por ejemplo, Otilio trabaja (es un decir) y Pepe Gotera manda y presume de sombrero.

Chiqui Palomares presumiendo de sombreros y vocativos.

En Mortadelo y Filemón nos ponemos siempre del lado de Mortadelo, porque Filemón (al que Mortadelo llama significativamente “jefe”, sin usar jamás su nombre) es igual de inútil que Mortadelo, pero con un cargo de mando intermedio (como esa persona en la que estás pensando justamente ahora). Y cuando nos cruzamos con el Superintendente Vicente, nos ponemos de lado de Filemón y no de su déspota superior. Porque el Súper, como jefe de jefes, es aún peor.

Ibáñez tenía una inmensa capacidad de mostrar el absurdo, lo arbitrario, lo mezquino, lo caprichoso, lo oficinesco. Lo que viene a ser la vida. Hay más crítica social en los tebeos de Mortadelo que en todo Camilo José Cela (toma triple). Lo tenía tan claro Ibáñez que cuando crea el Botones Sacarino, fusilando sin piedad a Spirou y Gastón el Gafe, su gran aportación es añadir dos jefes odiosos: el dire y el presi.

Yo cada vez que leo lo de líder pienso en mi madre, porque así llama al Lidl: Me voy al Líder

Ser jefe está tan mal visto que en Linkedin nadie dice que es jefe (aunque sí chief), sino líder. No se manda, sino que se lidera. Yo cada vez que leo lo de líder pienso en mi madre, porque así llama al Lidl: Me voy al Líder. ¿Madre irónica, fanática del Lidl o con dificultades con los namings extranjeros?

 

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Un líder así es lo que queremos todos.

¿Es justa esa mala fama de los jefes? Claro que sí: ganada a pulso. Es fácil reconocer a uno, porque usa expresiones horribles como paradigma o poner en valor que le han vendido de segunda mano en el wallapop de jefes, tiene despacho con puerta en una oficina de estas de espacio abierto y en el momento en el que menos te lo esperas te espeta frases como Falta tensión o No quiero problemas, quiero soluciones. También hace así con las manos como en aquel maravilloso anuncio de Fedex:

Yo sospecho que sucede porque muchos jefes han visto The Office y no la han tomado como una sátira, sino un manual de comportamiento, igual que les pasa a los cachorros de la ultraderecha con El lobo de Wall Street o El Club de la Lucha o Starship Troopers o en realidad cualquier película que malinterpretan porque no entienden NADA.

Si buscas boss en Unsplash te sale esto. Con sombrero. ¿Casualidad?

Sin embargo, asumamos que los jefes son inevitables. Cuando dejas de tener jefe, tu jefe eres tú, y por tanto tienes jefe. Uno al que es difícil engañar porque conoce bien lo vago que eres.

Cuando dejas de tener jefe, tu jefe eres tú, y por tanto tienes jefe

Sobre esto reflexionaban muy bien en uno de los anuncios ficticios de Better Off Ted, una sitcom de hace tiempo (que veíamos un total de 17 personas) sobre los trabajadores de Veridian dynamics, una malvada megacorporación que pone y quita presidentes, crea innovaciones que destruyen vidas, etcétera. Lo que hoy sería un documental, vamos.

En cada episodio había un anuncio de Veridian Dynamics hablando de su visión de la empresa y la sociedad, realizado con banco de imagen y burlándose de los típicos anuncios corporativos. Es interesante porque te das cuenta de lo reconocibles que son, como si estuvieran hechos con plantilla o los pensara ChatGPT, valga la redundancia. Pero, claro, precisamente esa familiaridad en la forma es lo que hace que sean divertidos, al quebrarla con el cinismo del texto y su significado.

El más divertido de la primera temporada (se van haciendo más salvajes según avanza), que Dios bendiga al ser de luz que los ha reunido, es quizá este:

Veridian Dynamics. Bosses. Everybody has one. Without bosses, we’d be like these worms: disgusting. Bosses make everything better. So listen to your boss. And don’t question them. Otherwise you are not better than a worm. Veridian Dynamics. Bosses. Necessary.

Puede ser que las empresas no estén poniendo el parné suficiente y crean que es suficiente recompensa el prestigio de ser jefe o el poder decir poner en valor impunemente

Lo ideal sería tener un jefe comunal y turgente (¡turgente ya es!). Lo de comunal es complicado porque la propia categoría, aunque todos queramos ser jefes, implica que sólo haya uno. Dos como mucho (el dire y el presi). Dicho lo cual, mientras escribía este Odio todo he leído que los empleados están dejando de querer ascender. Puede ser. También puede ser que las empresas no estén poniendo el parné suficiente y crean que es suficiente recompensa el prestigio de ser jefe o el poder decir poner en valor impunemente.

En cualquier caso me ofrezco para ser vuestro jefe. Tengo ya casi escrito un Odio todo dedicado a los empleados (me falta encargárselo a uno de mis futuros esbirros). Soy simpático. Motivador. Dominio de frases hechas y anécdotas. Aporto fusta propia.