‘Odio todo. La serie’: ‘Odio las vacaciones’

Chiqui Palomares adora las vacaciones. Hasta que se quema con el sol, no encuentra sitio en una terraza, descubre que el libro del año era un tostón o recibe, en Florencia, un email con un amenazante CONCURSO DEL AÑO como asunto. En esta nueva entrega de Odio todo, el descanso, el ‘dolce far niente’ y el turismo cultural se convierten en otra agotadora forma de trabajar.

¿No odias cuando escribes una columna periódica llamada ODIO TODO en la que cuentas lo mucho que odias cosas relacionadas con la publicidad y llegan las vacaciones y te ves obligado, por mantener el personaje, a escribir 1.500 palabras sobre cuánto odias las vacaciones?

Yo lo odio.

Cuando yo era pequeño odiaba las vacaciones. O sea, no, mentira, me encantaban las vacaciones, tener tiempo para leer, viajar a Gandía o Tabernes de Valldigna, tomar granizado de limón por la tarde y jugar al chinchón después de cenar, luego irnos al pueblo y vivir la vida cañón. Pero llegaba un momento en el que no quería estar de vacaciones: llevaba un mes fuera de casa, al solitero de un pueblo de Ciudad Real, tenía las rodillas raspadas de caerme de la bici, mi abuela se empeñaba en poner potaje (¡qué necesidad!), me había leído todas las novelitas de vaqueros de Silver Kane y Marcial Lafuente Estefanía que tenía mi tío Jerónimo, ya no quedaban nuevos árboles que marcar con mis iniciales en los alrededores. Entonces entraban ganas de volver a casa, volver al colegio, volver a los amigos, si los hubiere, volver a taparse con manta, volver a enfrentarme a mi archienemigo del colegio, el Espagueti.

O sea, me agotaban las vacaciones. Lo bueno, si breve y tal. Pasa con todo. Menos con las napolitanas de chocolate y las croquetas, claro.

Conocí al copy que había escrito el jingle de Vacaciones Santillana. Que yo le decía: pero cabr*n, si sólo has escrito Vacaciones Santillana, vacaciones Santillana.

Por lo que sea, ahora de adulto no me ocurre. Raramente tengo ganas de volver al trabajo para recibir un briefing en el que me encargan meter 17 situaciones en 30 segundos, todas con un insight culturalmente relevante, sobre un producto dedicado a la limpieza de cabezales.

También es verdad que en vez de tres meses de vacaciones tengo sólo tres semanas. ¿Será eso?

El caso es que soy yo bastante o muy fan de las vacaciones y de no hacer nada, o como dicen los italianos: dolce far niente, ma io non tengo auto, signorina. Como proclamaba mi admirado Fernando Fernán Gómez, hombre que odiaba con mucha generosidad, yo estoy muy capacitado para no hacer nada.

Y sin embargo me suceden muchas cosas durante las vacaciones que provocan que les tenga algo de manía:

  • Cuando me quemo con el sol y la gente me dice: Oye, te has quemado.
  • Cuando me compré un sombrero en una coqueta ciudad italiana que luego llevé durante todo el invierno y más tarde me enteré de que no le gustaba a nadie.

  • Descubrir que el libro ese que me han recomendado durante todo un año y que por fin puedes leer está sobrevaloradísimo. ¡Es mejor leerse una novela de Chiqui Palomares, que además no plagia en absoluto a Faulkner! Como no te esperas nada de ella, no te defrauda.
  • Que no haya sitio libre en la terraza. ¿Por qué está todo el mundo de vacaciones? ¿Quién está levantando el país? ¿No será esto el famoso absentismo del que hablan?
  • Cuando haces fotos imitando a Martin Parr pero te das cuenta de que no le llegas a la suela de los zapatos.
Chiqui Palomares: ¿fotógrafo o fotografiado? Foto: Martin Parr.
  • Cuando estás en pleno síndrome de Stendhal en Florencia y te llega un correo del trabajo que dice que ha llegado el concurso del año (escrito: el CONCURSO DEL AÑO). Inciso: ¿no te parece sospechoso que el 80% de los concursos sean el concurso del año? No todos los momentos son históricos.
  • Cuando me encontré a un ex jefe (que me había despedido un año antes) en el lugar al que había ido de vacaciones y me dio la turra non stop durante una hora y media.
  • Cuando fui a Inglaterra y probé el nuevo Blackcurrant Tango. El caso es que me gustó, pero no tanto como otros sabores de Tango. Al final escribí una carta al departamento de atención al cliente de Tango para darles mi opinión. Pero eso es otra historia.

  • Cuando siendo niño un balón golpeó un avispero, y al ir a recogerlo, docenas de avispas enfurecidas me picaron (quince contando sólo la zona de un bañador diminutos de estos de Speedo que se llevaban en los 80; no te digo en el resto del cuerpo) y acabamos en urgencias y pensando que a lo mejor me daba un shock anafiláctico y ahí se acababan mis aventuras y nunca ganaría un Épica de plata. Ah, no, perdón, que eso le pasó a mi hermano. Nada, nada, ahora que lo pienso, la verdad es que fue bastante divertido.

Ocurren cosas desagradables en vacaciones. Pero en conjunto… las vacaciones no están mal. Hay que admitirlo.

Felices vacaciones, que os las habéis merecido. Portaos bien, pero no mucho, y manteneos alejados de los avisperos, físicos o metafóricos. Ah, y por favor, hidrataos.

Foto de un pie con un pie de foto (este).