
¿No odias cuando tu cuñado está dándote la tabarra con sus éxitos y con lo que opina de todo y quiere que tú le digas que qué bien y de repente descubres que no es tu cuñado, que es que estás leyendo Linkedin?
Yo lo odio.
No sé qué ha pasado con Linkedin. Era una red social (por llamarla de alguna manera) increíblemente aburrida a la que entrabas cuando te habías terminado internet o ibas a buscar trabajo. Ahora se ha convertido en una red social insoportablemente turras de mil maneras, la returra definitiva. Acabas por entrar, aunque no busques trabajo, porque la conversación está ahí, ahora que Twitter es un estercolero. Digo conversación, pero en realidad quiero decir monólogos. Como decían brillantemente en Amanece que no es poco:
Todo el mundo se toma en serio a sí mismo en Linkedin y quiere que los demás también lo hagan, por las buenas o por las malas. Mi madre tenía una frase que definía Linkedin antes de que existiera Linkedin: el maestro Quiñones, que no sabe leer y da lecciones. Por eso hay tanto cargo en inglés inventado, por eso se inflan los méritos y por eso se ha convertido en el campo de batalla de gente pontificando sin ni siquiera haberse casado con tu hermana. Abres la aplicación un día cualquiera y:
- Uno extrayendo lecciones de cómo y a qué hora Steve Jobs tomaba el café (que además seguro que no tomaba café sino té matcha de chía, té matchía).
- Otro que usa ChatGPT para escribir sus larguísimos posts de seiscientas frases y cero ideas, con divertidos emoticonos cada siete palabras. ¿Qué opinas? Te leo en comentarios.
- Una que aprovecha lo de la foto de Maduro con un chándal de Nike y te hace un análisis geoestratégico sobre plataformas de marca.
- Gente que le gusta lo que hace Elon Musk y lo dice abiertamente, con total impunidad.
- Gente que te cuenta secretos directamente a tu buzón si escribes la palabra “secreto” en los comentarios (espóiler: el secreto es que te quiere vender algo).
- Gente que te pide conexión y diez segundos después te manda un mensaje diciendo: Querido Juan Ejemplo: Admiro mucho lo que hacéis en Nombre de Agencia.
- Zutanito flipando porque una marca ha puesto una lona que dice: Compra mi marca, y le parece que se han pasado el juego.
- Fulanita poniendo de ejemplo a seguir campañas que han costado 150 millones de dólares (lo que yo llamo el Efecto Barbie).
- Menganito diciendo completamente en serio que Emily in Paris DEMUESTRA que hay que dejarse llevar por la inspiración, porque la protagonista lo hace y le va de fábula así y sus marcas superan sus problemas en un pliqui.

Uno de estos contenidos de vez en cuando está bien. No voy a ser yo aquí un hater (ejem). Pero de verdad, es que es una vorágine de contenido absurdo que te tragas sí o sí, sigas o no a la gente que lo emite.
Una reforma completa
Creo que Linkedin necesita una reforma completa. Ahora mismo, a Linkedin le veo sólo dos utilidades:
- Avisar a los que me siguen (gente de criterio) de que he escrito una columna de ODIO TODO en IPMARK.
- Jugar a los juegos de Zip, Tango y especialmente Queens, con los que compruebo diariamente que soy más audaz que el 75 o 90 % de los CEO (inciso: qué gracia me hace que digan que soy más audaz, que ya me dirás que tiene que ver con juegos de lógica; imagino que es por evitar decir que soy más listo que un CEO, para que los CEO no se piquen, piel sensible, la verdadera generación de cristal).
Como odio a los que dicen que sólo soy capaz de odiar, os propongo tres maneras de hacer de Linkedin un lugar mejor.
- Recuperar esa funcionalidad que permitía destacar tus características, pero esta vez de manera honesta. No me digas que no pagarías por saber que Ejecutivo Lacáyez destaca como Bootlicker o que Creativo Creatívez es un experto Creative directraitor. ¡Dinamizando la comunidad!
- Funcionalidad para buscar trabajo de incógnito. Imagina que trabajas en un sitio, pero quieres cambiar de empresa. No puedes poner el Open to Work porque lo ve tu jefe y tienes lío, aunque tú seas mucho más audaz que él. ¿Y si hubiera una manera de que cierta gente supiera que estás buscando curro, pero otra gente no se diera cuenta? Una especie de señal masónica para reconocerse. Lo “fácil” (laughs in desarrollador) sería un Open to Work en el que pudieras bloquear o silenciar a los que no te conviene que lo sepan: tus jefes o el Bootlicker Business Manager (se lo diría a tu jefe). La ventaja de este sistema es que evitaría que ahora quizá sospechéis que estoy buscando trabajo y esto es un maquiavélico plan para decirlo sin que se entere mi jefe. Podría ser; yo soy así de sutil y/o retorcido. Pero no estáis seguros. Porque esto puede ser solo una idea genial; no hay señal masónica que lo confirme o desmienta. Quod erat demonstrandum.
- Dejar de hablar de lo que haces o lo que te parece tal cosa y hablar de las cosas de los demás. Una campaña que te ha molado (sin darnos una lección sobre ella), un recurso interesante para todos, un aviso de que hay una exposición nueva de Carlos Yuste, una petición para que Chiqui Palomares escriba una nueva novela cuanto antes. Seamos generosos con el conocimiento: mejorará nuestra profesión.

¿Alguien conoce al Señor Linkedin? Le vendo las dos primeras ideas por un gritón de dólares. Mientras tanto, ponme un comentario en Linkedin con la palabra “zarigüeya” y te mando por privado perfiles que ya hacen lo del tercer punto a diario y quiénes me ganan al Queens todas las veces.
