Escribo estas líneas en el aeropuerto de Zurich mientras le pregunto a una amiga, mucho más ilustrada que yo en lingüística, a través de Skype, si puedo escribir terroríficamente en dicho contexto.
En su respuesta me pregunta: ¿es que le da miedo a alguien?
¿Sabéis lo mejor? Ni mi banco reconoce mis códigos, ni el proveedor de WiFi sabe que hacer conmigo y me he escapado y estoy chateando (solo por Skype) con todos los amigos que me da la gana y gratis. Es genial convertirse en el Curro Jiménez del WiFi, aunque sea por unos minutos.
El caso es que la pregunta de mi amiga tiene desgraciadamente una respuesta afirmativa.
Efectivamente el Internet móvil da terror, pavor, pánico a algunos de los jugadores existentes y no digamos el WiFi, y para que hablar de Skype o la voz IP. Y es lógico.
Imagínate que alguno de mis paisanos descubre que la berza gallega puede convertirse, de la noche a la mañana, en un combustible alternativo; que puede producirse transgénicamente en tres días; que cuesta una décima parte de lo que cuesta el litro de gasolina; y que todos los coches que se vendan a partir de ahora (y unos pocos de los que ya circulan) podrán poner este superberza en sus depósitos y obtener el triple de potencia por diez veces menos del precio actual. Tremendo, ¿eh?
Pues eso, que nuestros teléfonos nos permiten conectarnos a Internet aunque aún no lo hayas descubierto y que ese Internet es como el que ya padecimos en la época de Infovía y que ahora tenemos que volver a padecer. Lo bueno es que los nuevos teléfonos que compremos serán en su mayoría WiFi a partir de ahora.
Pero todos los que están y los que vendrán tienen a su disposición la más maravillosa oportunidad de negocio de las últimas décadas porque hay cinco veces más usuarios y porque los usuarios aquí, sí pagan por el contenido.
(*) SIXTO ARIAS (sixto@mobchanics.com)es director general de Mobcharics.