No son los datos: somos nosotros

«Vivimos en una época en la que los números han adquirido una relevancia social muy destacable: abren telediarios, portadas de

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«Vivimos en una época en la que los números han adquirido una relevancia social muy destacable: abren telediarios, portadas de periódicos y están en boca de todos; como se dice coloquialmente, los números están hasta en la sopa (y eso que, tradicionalmente, ¡las sopas son de letras!)». Un artículo de Alberto Plazas, account director de Punto de Fuga.

Y esto a mí me encanta porque adoro los números; son seres que, de alguna manera, se parecen a los humanos, compartiendo paralelismos que los hacen aún más interesantes. ¿Te has parado a pensar en algún momento que las cifras también…

Son sujetos asentados en la diversidad, aceptándose entre ellos sus marcadas idiosincrasias: hay números romanos, naturales, enteros, racionales, complejos, infinitos, primos, indivisibles…

Tienen grandes líderes o iconos que han sabido destacar por encima del resto, como el número 𝜋 (𝑃i) y el número ℮, números irracionales muy relevantes para la geometría y el cálculo matemático, respectivamente. O números incomprendidos en algún momento de la historia como le sucedió al 0 (Los griegos consideraban que no se podía describir lo que no existe, y por tanto, no le dieron entidad), por no hablar de cifras que sólo con pronunciarlas despiertan miedos (666)… o qué decir de los “Adan y Eva” de la informática – el 0 y el 1.

Presentan una personalidad poliédrica: El dato tiene múltiples personalidades, y en función de la cara que nos ofrezca, puede llegar a tener diferentes interpretaciones. Y esto es lo interesante del dato: que una misma cifra no siempre nos quiere decir lo mismo.

Son seres sociales: Al dato le gusta relacionarse con otras cifras porque de esta forma se sienten más comprendidos, dimensionados en su justa medida. Los datos solitarios son seres confusos que, si se les deja aislados, es posible que nos muestre una vertiente errónea de su realidad.

Y al igual que en los seres humanos, la globalización y la sobrepoblación son dos fenómenos que les afectan directamente. Con la globalización cualquier dato, con independencia de su origen y rango, puede ejercer influencia en cualquier punto del planeta, moviéndose a una velocidad realmente asombrosa. Y con el Big Data (su sobrepoblación), los datos están creciendo a un ritmo tan elevado que supone un reto tanto su almacenamiento como su tratamiento – es un desafío interesante poder discernir cuáles son las cifras verdaderamente relevantes dentro de tan ingente montaña de datos.

Sostenibilidad y credibilidad de los datos

Y dentro de este paralelismo que encontramos entre nosotros y las cifras, me gustaría poner acento en dos fenómenos que también les afectan, y que a mí me preocupan especialmente: su sostenibilidad y credibilidad.

Siendo el Big Data un fenómeno favorable por cuanto nos permite poder acceder a multitud de cifras, conviene señalar la repercusión que esto tiene en el propio dato; la sobrepoblación que estamos impulsando, por su volumen, complejidad y velocidad de crecimiento, nos está llevando a generar vertederos incontrolados de cifras que, en algún momento, no podremos llegar a contener. ¿Es momento de iniciar un proceso de filtrado y reciclado de los datos, que nos permita separar los datos realmente útiles de aquellos que son más dañinos por su insuficiente valor?

Esta sobre exposición de cifras, junto con otros fenómenos como puede ser el movimiento “fake”, está restando protagonismo al dato de calidad, aquel que se ha ido configurando desde unos cimientos más sólidos (desde su obtención hasta su procesamiento), y con ello, se estámerosionando uno de los pilares que configuran su ADN: su credibilidad.

No, no vale cualquier dato

Pero esto no es culpa del dato, sino de nosotros. Al dato le tenemos que otorgar la relevancia que se merece, y donde la calidad sea una cualidad que impere en su ser – no, no vale cualquier dato -. Y tan responsable es la persona que hace un uso interesado de las cifras para transmitir una realidad sesgada, interesada o, incluso, para infundir miedos – casi siempre a través de un dato aislado y solitario – como de quienes tenemos la obligación “moral” de filtrar, entender, apoyar y transmitir la verdadera realidad que esconden las cifras.

Como defensor y compañero inseparable de los datos, desde aquí os animo a que le otorguéis el verdadero valor que las cifras tienen (y no me refiero a su cuantificación y sí a su cualificación), que le deis el cariño que se merecen, y que apliquéis diversas normas que os ayudarán a entablar una mejor y más duradera relación con ellas:

Averigua su origen: indaga de dónde viene ese dato, cuál es su fuente de procedencia y pregúntate si este origen tiene la fiabilidad suficiente como para otorgar al dato el don de la credibilidad. Este primer paso nos ayudará a ir depurando aquellos datos que emanan del movimiento fake.

Establece su marco de referencia: piensa previamente qué esperas del dato, cuál es lahipótesis de partida que necesitas contrastar. El dato puede mostrarte diferentes lecturas (sus personalidades), pero en la medida en que delimites el objetivo que buscas en él, te ayudará a entenderle mejor.

Ofrécele el contexto social que tanto le gusta al dato, no le dejes aislado: acompáñalo de otras cifras para que le acompañen, búscale un benchmark, un parámetro similar temporalmente anterior, una cifra pare reflejarse… De esta manera, vas a poder interpretarle y dimensionarle en su justa medida.

Aíslalo del ruido externo. Como refleja Cass Sustein en su expresión “el Olvido de la probabilidad”, tendemos a sobredimensionar un dato (haciéndolo más probable) por el simple hecho de que se hable mucho de él, y más si la cifra está arropada de una gran carga emocional, tal y como estamos viendo actualmente en cifras con mucho ruido mediático.

Trátalo con cuidado, el dato es tu aliado: desde aquí hago un llamamiento para que dejemos de “explotar a los datos”; mejor si los analizamos, los escuchamos…

Alberto Plazas.
Alberto Plazas.

Búscale tu propio sentido al número, rétalo. No des por sentado lo que parece ser, especialmente si viene solo (¡recuerda que es un ser social!). Lo que me fascina de los números es que no sólo transmiten dimensiones, cantidades, ordenes… las cifras arrastran significados, reflejan un pasado, constatan un presente y proyectan un futuro… ¡los datos cuentan historias! Y si buceamos un poco en ellos nos daremos cuentas que los números son icebergs que debajo de su propia cifra nos ofrecen una cantidad de argumentos que lo enriquecen enormemente; y de la capacidad que tengamos de encontrar esas historias, seremos capaces de entender la magia del número y enamorarnos aún más de ellos.

Y por último… aplica el sentido común.

Tenemos la responsabilidad de cuidar al dato porque sólo de esta manera podrá sostener la credibilidad y la confianza que se merecen.

Ah, por cierto: si te encuentras con unos datos y te resulta difícil relacionarte con ellos… ¡!solo tienes que llamarme!!

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Cifras atacando bases de datos en llamas más allá del Big Data. He visto números brillar en la oscuridad, cerca de la campana de Gauss.

Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de cuidar…al dato