Marketing bajo escrutinio: de las campañas al negocio

Marketing gana relevancia cuando puede discutir no solo sobre CPM, CTR o conversiones, sino sobre coste de adquisición, tasa de cierre, recurrencia, margen incremental o valor de cliente.

El propio sector sitúe el dato propio (first-party) y los modelos de medición más integrados entre sus prioridades para este año.

Durante años, marketing ha podido justificar su presupuesto con su propio idioma: impresiones, tráfico, leads, ROAS. Ese idioma sigue siendo útil, pero ha dejado de ser suficiente. En parte, porque durante mucho tiempo la función de marketing no tuvo necesariamente bajo su responsabilidad todo el recorrido hasta la venta. Su trabajo terminaba muchas veces en la generación de notoriedad, demanda o leads, mientras la conversión final quedaba en manos de otros departamentos.

Ese reparto de responsabilidades permitía que el director de marketing estuviera, en ocasiones, relativamente alejado de la responsabilidad directa sobre el resultado de negocio. No porque su función no contribuyera a él, sino porque no controlaba el funnel completo ni todas las variables que determinaban el resultado final. Eso está cambiando. Hoy en día la pregunta que se hacen en los comités de dirección ya no es «¿cómo ha ido la campaña?», sino «¿qué ha aportado al negocio?». Y esa pregunta, aparentemente sencilla, es la que está reordenando prioridades, equipos y herramientas en toda la función de marketing.

El contexto: el mercado crece, pero la exigencia crece más rápido

En España, la inversión publicitaria digital no deja de batir récords: según el Estudio de Inversión Publicitaria en Medios Digitales 2026 de IAB Spain y PwC, el mercado cerró 2025 con 6.211,2 millones de euros, un 11,2% más que el año anterior, y los medios digitales ya concentran el 69,1% de la inversión publicitaria total en España, tres puntos más que en 2024. Search y redes sociales siguen siendo los pilares del mix, pero el verdadero dinamismo está en disciplinas emergentes como la televisión conectada, que crece un 48,4% interanual.

Que haya más inversión no significa que haya más margen de maniobra. Al contrario: cuanto mayor es el presupuesto, mayor es la exigencia de justificarlo con algo más sólido que el rendimiento de cada canal por separado. El propio Informe Top Tendencias Digitales 2026 de IAB Spain, elaborado con la participación de más de 90 empresas del ecosistema digital español, lo señala como una de las claves del año: la atención sustituye a la visibilidad como métrica de referencia.

A esta exigencia se suma una transformación organizativa relevante. Marketing y ventas, históricamente separados en muchas compañías, están cada vez más conectados. No es extraño encontrar hoy directores de marketing con responsabilidad directa sobre ventas, crecimiento o generación de ingresos, ni perfiles procedentes del ámbito comercial ocupando posiciones de liderazgo en marketing. La lógica es sencilla: si el cliente no distingue entre el anuncio que ve, la web que visita, el comercial que le atiende o la experiencia posterior a la compra, resulta cada vez más difícil gestionar esas etapas como compartimentos estancos.

Por qué las métricas de siempre ya no bastan

El problema no es que el tráfico, los leads o el ROAS sean métricas erróneas. El problema es que, tomadas de forma aislada, cuentan una historia incompleta. Un aumento de leads puede no significar nada si esos contactos no avanzan en el proceso comercial. Un ROAS aceptable puede esconder ventas que se habrían producido de todos modos, sin necesidad de esa inversión publicitaria. La atribución last-click, todavía el modelo por defecto en la mayoría de las plataformas, tiende a sobrevalorar el último clic e infravalorar todo lo que ha construido la decisión de compra antes de ese momento.

Cuando marketing no tenía visibilidad o responsabilidad sobre todo el funnel, esa limitación podía resultar menos evidente. Hoy ya no. Marketing participa cada vez más directamente en la generación de negocio, necesita saber no solo cuántas oportunidades crea, sino cuáles convierten, con qué margen, a qué coste y qué valor generan a lo largo del tiempo (CLV). No se trata de abandonar las métricas operativas —siguen siendo imprescindibles para gestionar el día a día—, sino de dejar de presentarlas como si fueran, por sí solas, la prueba del impacto.

El obstáculo real: la calidad y la fragmentación del dato

Aquí está el quid de la cuestión. Cada canal genera datos en formatos y sistemas distintos (CRM, plataformas publicitarias, analítica web, punto de venta) y combinarlos en una lectura coherente del recorrido de compra sigue siendo, en la práctica, uno de los mayores cuellos de botella del sector en España. El propio Informe Top Tendencias Digitales 2026 de IAB Spain lo recoge como una de las líneas de trabajo prioritarias de su Comisión de Data: el refuerzo de la medición cross-media y la consolidación de las Data Clean Rooms como entorno seguro para entender la atribución real y así poder generar insights de valor sin depender de la identificación individual del usuario.

No es casualidad que el propio sector sitúe el dato propio (first-party) y los modelos de medición más integrados entre sus prioridades para este año, según el mismo informe. Cuantas más fuentes hay que conciliar (search, social, CTV, retail media, DOOH), más se resiente la fiabilidad de cualquier modelo de atribución si la base de datos sobre la que se construye está fragmentada o mal gobernada. Y aquí aparece también otra dificultad: no existe un único funnel. El recorrido de compra de un ecommerce poco tiene que ver con el de una compañía B2B con ciclos comerciales de meses, una red de concesionarios, una aseguradora o un negocio donde la venta termina produciéndose en tienda física.

Cómo debemos proceder

Las organizaciones que mejor están resolviendo esta tensión combinan varias piezas en lugar de depender de una sola:

  • Marketing Mix Modeling (MMM) y MTA combinados. El Marketing Mix Modeling (MMM) aporta una visión macro y estratégica a largo plazo con datos agregados, mientras que el MTA ofrece una perspectiva micro, detallada del recorrido digital del usuario.
  • Pruebas de incrementalidad, dejando fuera deliberadamente un mercado, canal o audiencia para medir el efecto real de la inversión, más allá de lo que diga cualquier modelo.
  • Datos propios (first-party) y Data Clean Rooms como base, reduciendo la dependencia de señales de terceros cada vez más restringidas, en línea con lo que ya marca la hoja de ruta de IAB Spain para el sector en España.
  • Cuadros de mando compartidos con finanzas, que traducen el lenguaje de marketing al lenguaje que audita un CFO: coste de reemplazo, margen incremental, riesgo.

Esta última pieza es, quizá, la más determinante. La credibilidad del marketing se juega en una mesa donde se sientan ventas, operaciones y finanzas. Esto obliga a cambiar la conversación. Marketing gana relevancia cuando puede discutir no solo sobre CPM, CTR o conversiones, sino sobre coste de adquisición, tasa de cierre, recurrencia, margen incremental o valor de cliente. Es decir, cuando entiende las métricas que ya maneja el resto del negocio y puede explicar qué papel desempeña cada inversión en ellas.

El nuevo papel de la agencia en este cambio

Todo esto —combinar modelos de medición, gobernar el dato, hablar el idioma de finanzas, entender un funnel distinto en cada negocio— exige un tipo de conocimiento que rara vez cabe en un único equipo interno. Y ahí es donde el papel de la agencia también ha cambiado. Las agencias que están a la vanguardia de la tecnología son, hoy, de las pocas que tienen visión y conocimiento suficientes para unir el funnel completo: desde la construcción de marca hasta la venta, pasando por cada plataforma, cada canal y cada fuente de datos que hay que conciliar por el camino.

Ese conocimiento transversal (de la tecnología, pero también de negocios muy distintos entre sí) es lo que nos permite ayudar a simplificar una complejidad que, vista desde dentro de una sola compañía, resulta mucho más difícil de ordenar. Por eso el rol de la agencia frente al director de marketing también está cambiando. Ya no se trata solo de ejecutar campañas o aportar creatividad, sino de acompañar desde un lugar distinto: el de un partner capaz de conjugar la estrategia de marketing con las ventas, con los resultados de negocio, y de traducir esa estrategia al lenguaje que exige el resto del comité de dirección.

El Marketing se juega su sitio en la mesa

Marketing que en tiempos pretéritos podía concentrarse principalmente en construir marca, generar demanda y entregar oportunidades a ventas está dando paso a un perfil mucho más próximo al negocio. En algunas compañías, la separación entre CMO y director comercial se difumina; en otras, ambas funciones convergen alrededor de un mismo objetivo de crecimiento. La función que sepa conectar campañas, contenidos y canales con ventas, retención y valor del cliente —y que sea honesta sobre los límites de sus propios modelos de medición— será la que mantenga su presupuesto la próxima vez que finanzas revise la hoja de cálculo. Las demás seguirán defendiendo su presupuesto con argumentos que ya no convencen a nadie fuera del propio departamento.

 

Rubén Cisneros, client partner director en MIO One.