Grietas en el techo de cristal de las agencias de comunicación

techo-de-cristal-empresas-mujeres-articulo-IPMARKProbablemente, cuando la consultora laboral norteamericana Marilyn Loden, pronunció en 1978 por primera vez la expresión techo de cristal en una mesa redonda sobre las aspiraciones de las mujeres, no imaginó que, casi 40 años después, esa frase iba a remover tantas conciencias. Un concepto lamentablemente manido de tanto usarlo para describir la limitación velada del ascenso laboral de las mujeres en las organizaciones. Un artículo de Rose de la Pascua, presidenta de Weber Shandwick España y vicepresidenta ejecutiva para Europa, y co-presidenta y fundadora de  GWPR en nuestro país. 

 Hoy, casi cuatro décadas después de aquel momento, ese incómodo techo de cristal, que apenas tiene grietas, sigue sobrevolando el día a día laboral de muchas mujeres en el mundo. Sin embargo, comienza a haber razones para un tímido optimismo, porque entre otras cuestiones, las condiciones laborales de las mujeres del siglo XXI han ido ganado titulares en una sociedad para la que ya no hay vuelta atrás.

Sin duda la presencia de la mujer en el entorno laboral se ha multiplicado en las últimas décadas, pero su papel dista mucho de ser equiparable al de sus colegas hombres. El informe ‘Gender Diversity in Senior Positions and Firm Performance: Evidence from Europe’, publicado por el Fondo Monetario Internacional en 2016, muestra que las mujeres tan solo ocupan el 19% de los puestos directivos de las 600 grandes empresas europeas. Aún más tímido es el ínfimo 4% de CEO mujeres en estas compañías. Dos cifras alejadas del objetivo del 40% marcado por la Comisión Europea para el 2020.

Los datos, tajantes, revelan que no existen ámbitos ajenos a esta verdad que exige compromisos y cambio de mentalidades y en este sentido, el sector de la comunicación tampoco es ajeno a lo que le rodea. Precisamente por ello, en Weber Shandwick llevamos años trabajando sobre el terreno y tangibilizando un compromiso adquirido con la diversidad real. Tanto es así, que hoy en día en España no existe brecha salarial entre nuestra plantilla y contamos con un 65% mujeres en una agencia en la que me enorgullece afirmar que el 83% de nuestro Comité de Dirección está compuesto por mujeres.

Esta realidad que se articula a diario en los equipos de trabajo, en las reuniones y en todo nuestro trabajo ha provocado que siempre hayamos estado en primera línea, dispuestos a contribuir al debate de ideas y al análisis riguroso que nos ayuden desde nuestro sector a lograr un impacto positivo en el entorno y una evolución que no admita tibiezas.

Por ello, en 2015 elaboramos el primer informe sobre la reputación de la Mujer CEO. Un estudio que ponía de manifiesto que tan solo un 29% de los ejecutivos senior deseaban liderar grandes compañías. En este mismo informe se descubría que existían muy pocas mujeres interesadas en ocupar un puesto de CEO (23% frente al 32% en el caso de los de hombres).

Sin embargo, y aquí es dónde me parece que debemos poner el foco, lo significativo es que cuando estas ejecutivas trabajaban para mujeres CEO, su interés aumentaba hasta el 29%. Un resultado que no muestra igualdad entre géneros pero que refleja el importante papel que juegan hoy en día las mujeres CEO a la hora de romper barreras para futuras generaciones. De modo que cuando el género del CEO es verdaderamente relevante es a la hora de retener el talento femenino en las posiciones de mayor responsabilidad, ya que contar con mujeres CEO altamente valoradas ayuda a la permanencia de las mujeres en las organizaciones.

Los resultados del informe nos recordaron algo que probablemente ya sabemos si pensamos en nuestras abuelas, nuestras madres y todas las mujeres que nos precedieron en anteriores generaciones: la necesidad de contar con referentes. La importancia de fijar la mirada en modelos femeninos, capaces de ayudar a las mujeres a alcanzar posiciones de responsabilidad dentro de las empresas y promover iniciativas que defiendan la diversidad de las organizaciones.

Si miramos alrededor seguro que tenemos en mente los nombres y apellidos de esas mujeres capaces de inspirar, de cambiar mentalidades o al menos hacerlas evolucionar para acabar con prejuicios y clichés. Y anotemos bien sus nombres porque es probable que tengan mucho qué decir en 2030, el año en el que que casi tres cuartas partes (73%) de los altos ejecutivos a nivel mundial piensa que las mujeres ocuparán los primeros puestos de la mayoría de las grandes empresas mundiales, igualando el número de hombres. Eso es al menos lo que se desprende del estudio Gender Equiality in the Executive Ranks: A Paradox – The Journey to 2030, que en Weber Shandwick realizamos hace cuatro años, a través de encuesta a más de 300 ejecutivos de alta dirección y CEOs de todo el mundo.

Rose de la Pascua, presidenta de España y vicepresidenta ejecutiva para Europa en Weber Shandwick.

Rose de la Pascua, presidenta de España y vicepresidenta ejecutiva para Europa en Weber Shandwick.

Pero volviendo al presente y deteniéndonos en el ámbito de la comunicación en nuestro país, no podemos obviar que, pese a que las mujeres superan en número a los hombres en el sector de la comunicación, su presencia disminuye en los puestos más elevados, mientras predomina en los más bajos jerárquicamente. Los datos del Informe Gendercom: brechas y oportunidades de género en la profesión de gestión de la Comunicación en España son incuestionables. De hecho, la investigación corrobora que en este sector existe un acceso mayoritario de mujeres (56,1%) y que la brecha salarial se mantiene en todos los puestos, siendo más reseñables en los puestos directivos.

Sigamos cuestionando desde el ámbito de la comunicación las barreras, limitaciones y obstáculos que percibamos en nuestro sector vinculados a la presencia de la mujer en el ámbito laboral y continuemos impulsado la diversidad porque genera un entorno de creatividad e innovación que sin duda se traduce en una mejora continua. Estoy convencida de que solo así lograremos desterrar la metáfora del techo de cristal para que el día de mañana, sea tan solo un término en desuso que tengamos que explicar a las generaciones futuras.

 

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