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¿Somos felices los españoles? Y la respuesta es…

"Hoy día, y aunque existen tantas definiciones de felicidad como personas en el planeta, la sociología y la psicología social se han aventurado a diseñar estándares y elaborar clasificaciones que puedan servir de referencia. No es un tema baladí, pues de la definición compartida de felicidad dependerán muchas decisiones políticas y económicas que marcarán nuestras vidas". Un artículo de Antonio Asencio, director de comunicación y estrategia de Sigma Dos, para IPMARK.

Antonio Asencio, director de comunicación y estrategia de Sigma Dos,

Con el concepto de felicidad, pasa como le ocurría a San Agustín de Hipona con la definición del tiempo:  “Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”. La felicidad es, efectivamente, una noción que de primeras captamos mejor por la intuición que por la razón pura. Los griegos, sin embargo, pioneros en reflexionar sobre la felicidad, a la que daban el nombre de eudaimonia, la identificaron al logos, es decir, al entendimiento racional: para Aristóteles, un hombre feliz era aquel capaz de comprender el mundo y de darse a sí mismo un proyecto de vida dentro del mismo. Otras escuelas, como la epicúrea, basaron la felicidad en la obtención del placer; y los estoicos, en la eliminación del sufrimiento.  

El tema nos persigue y obsesiona desde siempre. Bertrand Russell (1872-1970), matemático y Premio Nobel de Literatura, dedicó a este asunto uno de sus más célebres libros, La conquista de la felicidad. Según el polifacético pensador británico, la felicidad se conquista olvidando por unos momentos nuestro propio ombligo y mirando fuera, a los demás, al mundo en el que vivimos, y dedicándonos a mejorarlo.

Hoy día, y aunque existen tantas definiciones de felicidad como personas en el planeta, la sociología y la psicología social se han aventurado a diseñar estándares y elaborar clasificaciones que puedan servir de referencia. No es un tema baladí, pues de la definición compartida de felicidad dependerán muchas decisiones políticas y económicas que marcarán nuestras vidas.

A nivel individual, se tiende a adoptar como esquema válido la teoría del psicólogo norteamericano Abraham Maslow (1908-1970) quien en su famosa pirámide sitúa las necesidades más elementales en la base (alimentación, seguridad, etc.) y las más espirituales en la cúspide (autorrealización), de tal manera que, cuando tenemos las primarias cubiertas, nos orientamos y motivamos hacia las segundas y más elevadas. Y así vamos escalando, peldaño a peldaño, hasta la felicidad plena.

Una sensación que se tiene o no se tiene

De una manera similar a los individuos, las sociedades felices son las que puntúan alto en múltiples indicadores que parten del bienestar económico general para seguir con aspectos como igualdad, la seguridad (bajos niveles de violencia), el acceso a la educación, la sanidad, un medioambiente de calidad o un nivel cultural medio elevado.

Hay, no obstante, otra forma de abordar el asunto y es preguntarle a la gente directamente. Esto puede no medir la felicidad de manera “objetiva”, mediante parámetros, pero sí de forma “subjetiva”, en base a percepciones. ¿Y quién nos niega que la felicidad es, además de la suma de una serie de factores, una sensación que se tiene o no se tiene?

Preguntar por la felicidad es lo que hace cada mes de diciembre la Encuesta de Fin de Año de la red Gallup International, en la que España participa a través de Sigma Dos. La investigación se ha realizado en 44 países de todo el mundo, que representan dos tercios de la población mundial, y con una muestra de 41.560 entrevistados.

¿Somos los españoles felices? En términos generales, lo cierto es que sí nos sentimos felices. De hecho, el 52% de los españoles se describe como feliz o muy feliz, frente a un 11% que se siente infeliz y un 34% que dice no sentirse ni feliz ni infeliz. Estos índices muestran una tendencia negativa, probablemente, originada con la pandemia, pues somos 20 puntos menos felices que en 2019, cuando un 72% de los españoles se declaraban felices.

Somos 20 puntos menos felices que en 2019, cuando un 72% de los españoles se declaraban felices

Todo hay que verlo en perspectiva. Estas cifras están ligeramente por encima de la media de la Unión Europea (50%). Aunque hay diferencias en función del país. Mientras que el 48% de los alemanes se siente feliz y el 13% infeliz, en nuestra vecina Italia, el país menos feliz de las últimas series históricas, ese dato baja al 39%: allí, en cambio, son clara mayoría, el 53%, quienes dicen sentirse ni feliz ni infeliz, mientras el 7%, se declara infeliz.

La percepción de felicidad es correlativa al nivel de optimismo general. Así, el 50% de los españoles cree que el 2022 será mejor que 2021, lo que supone un incremento de 4 puntos respecto al mismo estudio de diciembre de 2020. Por el contrario, el pesimismo baja 10 puntos en comparación a 2020, situándose en un 18%. Es decir, somos menos felices, pero más optimistas que en los años anteriores. Parece una contradicción, pero encierra una lógica aplastante, pues si fuéramos totalmente felices, difícilmente podríamos pensar que esa sensación iba a ir a más. Con mantenerla, nos bastaría.

El 50% de los españoles cree que el 2022 será mejor que 2021, lo que supone un incremento de 4 puntos respecto a diciembre de 2020. Somos menos felices, pero más optimistas que en los años anteriores

Los españoles somos, además, más optimistas que la media mundial, donde quienes ven el futuro con buenas perspectivas son el 38% y los pesimistas, el 28%. Y lo somos más en comparación a nuestros vecinos de la Unión Europea, con una media del 34% de ciudadanos optimistas, donde los españoles nos situamos a la cabeza. Un año más son los italianos los más pesimistas: solo un 14% de los ciudadanos del país alpino cree que el año que viene será mejor que este, seguido de cerca por los búlgaros (15%) y los polacos (17%).

Así que, más allá de lo que digan las fórmulas de la felicidad, siempre complejas y cambiantes en el tiempo, lo cierto es que los españoles nos declaramos aceptablemente felices. A veces, conviene no darle muchas más vueltas. Hagamos como San Agustín, porque la felicidad, mejor que pensarse, se vive y se siente. A todo esto, feliz 2022.

Texto / ANTONIO ASENCIO, DIRECTOR DE COMUNICACIÓN Y ESTRATEGIA DE SIGMA DOS

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