La realidad aumentada, aún más lejos

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Las aplicaciones de la realidad aumentada (AR) pueden llegar tan lejos como alcance tiene nuestra realidad corriente. Incluso más. Sería un error terrible relegar su uso a solo a las gafas utilizadas para simulaciones y juegos, cuando las posibilidad que nos ofrece son infinitas.

Un ejemplo de su crecimiento y expansión es su aplicación en tiendas. Esta, presenta un oportunidad para mejorar la experiencia del cliente, o al menos convertirse en un factor diferencial respecto a otros comercios. En Scandit, por ejemplo, trabajan por aplicar la realidad aumentada a la venta física, transformando dispositivos inteligentes sencillos, como los móviles, en dispositivos de escaneo de códigos de barras y texto. Este tipo de prácticas aplicadas en tiendas agilizan las tareas diarias de venta, la gestión de estantes, el control de inventario y la verificación de precios.

Combinando lo digital con lo real, aporta una nueva dimensión a los entornos de compra, en la que se pueden ofrecer tanto la información sobre los productos como sobre los clientes o los empleados. Incluso comprobar las opiniones de otros compradores desde la tienda.

Así, la realidad aumentada puede utilizarse para aplicar una experiencia similar a la de Amazon Go sin necesidad de servirse de un nivel de inversión tan grande como el que requiere la aplicación, a tiempo real y sin salir de la tienda. Además, el propio cliente puede realizar el pago desde la aplicación, ahorrando tiempo en el proceso de pago. Incluso puede utilizarse en los almacenes, para identificar y recopilar pedidos.

La tecnología impregna nuestras vidas, nuestro ocio y nuestra forma de relacionarnos. Y su continuo crecimiento hace que cualquier comodidad se convierta en una necesidad en el proceso de innovación.

Aunque a día de hoy aún sean pocas las tiendas que cuentan con un servicio de realidad aumentada, lo cierto es que las aplicaciones de mejora tecnológica destinadas a satisfacer la experiencia de compra crecen cada día. Así, no sería de extrañar que en unos años a nadie se le pasara por la cabeza salir a comprar sin su teléfono móvil.

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