La industria de alimentación y bebidas pide actualizar el Código Paos

En esta línea, apuesta por una alimentación variada y equilibrada, actividad física regular, descanso adecuado y gestión del estrés.

La Federación cuestiona que la calificación de alimentos como saludables o poco saludables se realice con el rigor científico suficiente.

La industria española de alimentación y bebidas reitera su compromiso con la publicidad responsable y reclama un marco de colaboración público-privada “más ambicioso y actualizado” para seguir garantizando una comunicación comercial especialmente cuidadosa cuando se trata de productos dirigidos a menores de edad.

La Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) subraya la necesidad de mantener un diálogo continuado con la Administración —en particular con el Ministerio de Consumo y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN)— para reforzar los mecanismos de protección de la infancia. El eje de esa autorregulación es el Código Paos ( Código de autorregulación de la publicidad de alimentos dirigida a menores, prevención de la obesidad y salud), en vigor desde 2005 e impulsado por AESAN junto al sector alimentario.

A lo largo de los años, el texto incorpora distintas actualizaciones y se han sumado nuevos actores de la cadena de valor, incluidos operadores de televisión, con el objetivo de regular y mejorar la publicidad dirigida a niños y jóvenes, también en un entorno cada vez más digital.

Según datos de Autocontrol, desde la entrada en vigor del Código Paos el gabinete técnico del organismo ha revisado 11.242 anuncios antes de su difusión para verificar el cumplimiento de la normativa: 8.832 obtuvieron una evaluación positiva, en 2.081 se recomendó realizar modificaciones y en 330 casos se desaconsejó la difusión.

El sistema, defiende el sector, no solo permite una supervisión previa de los mensajes, sino que funciona como un mecanismo preventivo “ágil y eficaz” para adaptarse a cambios en hábitos de consumo, nuevos formatos publicitarios y entornos digitales, con la protección del menor como prioridad. FIAB asegura haber trasladado a la Administración “diferentes y ambiciosas propuestas” para actualizar el código y, de hecho, afirma que en 2024 presentó una última propuesta que incorporaba nuevos elementos de protección.

La patronal insiste en que la industria comparte el objetivo de defensa de la infancia, pero reclama un marco de trabajo conjunto que evite enfoques simplificados en materia de salud pública. En este sentido, la Federación cuestiona que la calificación de alimentos como saludables o poco saludables se realice con el rigor científico suficiente y pide avanzar hacia planes integrales para combatir la obesidad y otras enfermedades no transmisibles, de origen multifactorial.

Entre los factores señalados, destacan el sedentarismo y la falta de hábitos de vida saludables, por lo que el sector propone una estrategia basada en la corresponsabilidad: administraciones públicas, empresas, familias, educadores y sociedad civil compartiendo un mismo objetivo. La industria también advierte de que los mensajes reduccionistas sobre alimentación pueden generar confusión entre consumidores y no ayudan a mejorar hábitos.

En su lugar, defienden que la evidencia científica pone el foco en el contexto dietético global, el estilo de vida y el patrón de consumo, más que en la evaluación aislada de productos concretos. Por eso, sostienen, la publicidad responsable debe ir acompañada de educación nutricional y alfabetización mediática para que niños y familias puedan interpretar con criterio los mensajes comerciales y tomar decisiones informadas.

“Apostamos por impulsar junto a los poderes públicos y el sector privado buenas prácticas basadas en una alimentación variada y equilibrada, actividad física regular desde edades tempranas, descanso adecuado y gestión del estrés”, señalan desde FIAB, convencidos de que estas medidas tendrían un impacto directo en el bienestar físico y emocional.

Los datos de hábitos infantiles, según el Informe Aladino 2023, refuerzan el argumento de la necesidad de un abordaje integral: alrededor del 30% de los menores de 6 a 9 años dedica al menos dos horas diarias de promedio a actividades relacionadas con pantallas y dispositivos electrónicos, tanto entre semana como en fin de semana. Además, la proporción de escolares sedentarios se sitúa en el 26,9%, un empeoramiento respecto a los resultados de Aladino 2019, según recoge el propio informe.

En este aspecto, la industria alimentaria insiste en que la autorregulación publicitaria —con el Código Paos como herramienta central— debe seguir evolucionando para responder a los cambios del consumo y del ecosistema digital, mientras se avanza, de forma coordinada, en políticas y acciones que promuevan estilos de vida saludables desde la infancia.