La cosmética “waterless» gana terreno en beauty con sus fórmulas concentradas

En el enfoque waterless, la base deja de ser un vehículo y pasa a ser un activo.

Desde el punto de vista del desarrollo de producto, la ausencia de agua tiene otra consecuencia directa: la concentración.

La llamada cosmética waterless —también conocida como anhidra o “sin base acuosa”— deja de ser una rareza de nicho para ganar espacio en el discurso beauty. Su promesa es clara: fórmulas más concentradas, mayor capacidad nutritiva y un enfoque que, además, conecta con la sostenibilidad al reducir envases y peso en transporte.

“El boom de la cosmética con base no acuosa es algo más que una moda”, resumen desde el sector, que ve en este fenómeno un cambio de paradigma en la forma de formular. En la cosmética tradicional, el agua suele aparecer como primer ingrediente por ser una base neutra y barata. Sin embargo, su comportamiento en la piel tiene límites: se evapora con rapidez, aportando una sensación inicial de frescor que dura poco. Y para estabilizar el producto, muchas fórmulas recurren a combinaciones con alcohol, glicerina y conservantes, una ecuación que no siempre encaja con pieles sensibles o con consumidores que buscan rutinas más “limpias”.

De base neutra a base nutritiva

En el enfoque waterless, la base deja de ser un vehículo y pasa a ser un activo. Filip Van, CEO de la firma de cosmética natural Di Oleo (fabricada en El Puerto de Santa María, Cádiz), defiende el uso del aceite de oliva virgen extra como alternativa funcional al agua: “El agua convierte el producto en un medio perfecto para bacterias y hongos, por lo que suelen añadir conservantes químicos […]».

Más activos, menos dilución

Desde el punto de vista del desarrollo de producto, la ausencia de agua tiene otra consecuencia directa: la concentración. Elisabeth Herrero, responsable de marketing de Pierino Cosmetics, lo plantea así: “Al no diluirse en agua, esto crea fórmulas mucho más puras, con productos también más duraderos y sostenibles sin necesidad de conservantes. También ocupan menos espacio, se reducen envases y la huella de carbono es más baja”.

La lógica es sencilla: menos volumen “vehículo”, más presencia de ingredientes funcionales. Y además, en formatos sólidos o en polvo, se reduce el problema de la conservación —porque sin agua, el riesgo microbiológico suele ser menor—, lo que permite simplificar fórmulas y alargar vida útil. Aunque el concepto se asocia a bálsamos o aceites faciales, el crecimiento más visible se está produciendo en cosmética capilar, donde el consumidor ya se ha familiarizado con champús sólidos y formatos en polvo.

Pierino Cosmetics distribuye en España dos marcas con referencias waterless. Por un lado, la alemana Glynt, con su champú Pure en formato polvo y extracto de aciano. Por otro, la australiana Original & Mineral (O&M), con dos champús en barra: uno nutritivo con aceite de macadamia y arcilla roja, y otro destinado a limpiar en profundidad y controlar grasa, formulado con carbón.

“Los champús en barra de O&M tienen la particularidad de contener minerales y extractos autóctonos australianos… En el caso de Pure, de Glynt, es un champú en polvo con propiedades calmantes, antiinflamatorias y antibacterianas que lleva almidón de arroz, arginina y ácido cítrico, entre otros ingredientes”, detalla Herrero.

El atractivo de la cosmética anhidra juega en dos tableros. En el primero, el de la eficacia percibida: bases oleosas como el aceite de oliva pueden integrarse mejor en la epidermis y aportar nutrición, elasticidad y firmeza. En el segundo, el de la sostenibilidad práctica: formatos compactos, menos envase, menos agua transportada y fórmulas que evitan (o reducen) conservantes.