Kyoto desde dentro: el hotel que une tradición, spa y alta gastronomía

La ubicación refuerza el atractivo: el hotel se sitúa a pocos minutos de enclaves esenciales como el templo Kiyomizu-dera.

Los amantes del sushi encuentran su punto fuerte en Sushi Ginza Onodera, con una propuesta omakase.

El Four Seasons Hotel Kyoto se consolida como una de las propuestas más singulares para quienes buscan descubrir Japón desde la calma y la autenticidad. El establecimiento se levanta junto al jardín Shakusi-en, un estanque-jardín con 800 años de historia.

Con 180 habitaciones, suites y residencias privadas, todas orientadas hacia el jardín, el hotel se presenta como un refugio pensado para desconectar del ritmo de la ciudad sin renunciar a la proximidad de los grandes iconos culturales de Kyoto. La serenidad del paisaje marca el pulso de cada estancia: amplios ventanales enmarcan las vistas —ya sea al verde del Shakusi-en o al perfil urbano— y refuerzan un ambiente cálido, sobrio y elegantemente contemporáneo.

Entre sus principales reclamos destaca el spa, concebido como un espacio de equilibrio físico y mental inspirado en el principio estético del Enso Circle. La propuesta apuesta por tratamientos exclusivos ligados a la tradición local, como terapias con té verde de Kyoto y baños privados con sake, en una experiencia orientada a la renovación completa. La zona de bienestar se completa con gimnasio totalmente equipado y una piscina de 20 metros, ideal para recuperar energías tras recorrer los templos y callejuelas históricas de la ciudad.

Gastronomía de autor y rituales culinarios

La oferta gastronómica es otra de las grandes bazas del hotel. En EMBA Kyoto Grill, la cocina combina técnicas y producto con un enfoque contemporáneo, en un ambiente acogedor que suma terraza al aire libre con vistas al jardín, donde destacan carnes y mariscos.

Los amantes del sushi encuentran su punto fuerte en Sushi Ginza Onodera, con una propuesta omakase centrada en el sushi Edomae. Los chefs trabajan con ingredientes premium procedentes de mercados seleccionados —incluido Toyosu (Tokio) y Hokkaido, además de producto local—, en una puesta en escena marcada por un sushi counter de ciprés japonés de 400 años y una vajilla que rinde homenaje a artesanías regionales, como la cerámica Bizen (Okayama) y la cerámica Kiyomizu (Kyoto).

Para un cierre más íntimo, el lounge de té Fuju propone veladas con vistas al jardín, iluminadas por velas, donde el maridaje se mueve entre matcha, sake y champagne, apelando a una experiencia sensorial pausada y sofisticada.

Más allá del alojamiento, el Four Seasons Hotel Kyoto articula una agenda cultural pensada para quienes desean ir más allá del turismo convencional. Entre sus opciones figuran una ceremonia de té privada en el pabellón Shakusui-tei, paseos en rickshaw por las calles empedradas de Higashiyama o exhibiciones de danza tradicional de maiko en el lobby.

La ubicación refuerza el atractivo: el hotel se sitúa a pocos minutos de enclaves esenciales como el templo Kiyomizu-dera, reconocido como Patrimonio de la Humanidad, lo que permite combinar descanso y exploración sin grandes desplazamientos.