Odio todo. La serie: ‘Odio los premios’

Hay un momento en la vida de todo publicista en que deja de preguntarse si una idea es buena y empieza a preguntarse en cuántas categorías puede inscribirla. Chiqui Palomares, enemigo público número 1 del establishment publicitario, rebelde con portafolio propio y mito viviente de la alta disrupción global, arremete esta vez contra los premios y la centrifugadora de festivales, videocases, truchos, metales y transferencias bancarias.

Chiqui Palomares presumiendo de sombreros y vocativos.

¿No odias cuando te dan un trozo de roscón y al ir a comerlo descubres que te ha tocado la figurita y entonces le quitas el plástico y resulta que es un Épica de plata en Acción táctica en restaurantes de menos de 50 metros cuadrados?

Yo lo odio.

Creo que no estaré siendo polémico (me dicen últimamente que soy muy polémico, sin ser yo nada de eso) si escribo que ya estamos todos de acuerdo en que se nos ha ido la pinza con lo de los premios. Aprovecho para decirlo ahora que estamos en Temporada Cannes y que a mí en concreto me acaban de conceder el Premio Anual Montgomery Burns por mi Sobresaliente Labor en el Campo de la Excelencia.

Yo creo fervientemente, con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento, que el orden correcto es realizar un trabajo excelente y luego recibir premios por ello: es decir, que el premio es una consecuencia del trabajo, no el trabajo en sí mismo.

Pero algo se ha torcido en el camino. Hay demasiados premios y empleamos demasiado tiempo en ellos. Es algo que no sólo ocurre en publicidad: te das un paseo por la calle y todo el mundo tiene un premio.

Ganas de comerme una croqueta mientras me arreglan la barba.

No deja de ser normal, porque a todos nos gustan los premios. Solo las croquetas son mejores (aunque un león de Cannes>croqueta de bacalao). Pero, igual que sucede con las croquetas, llega un momento en que empachan (a mí no me ha pasado con las croquetas, pero a un amigo sí). Y creo que hemos llegado a ese momento.

Los festivales se han acabado convirtiendo en un negocio increíblemente tóxico. No sé si hacer más hincapié en la palabra negocio o en la palabra tóxico. Cuando hablo de festivales y premios con gente que no es publicitera, les sorprende dos cosas que nosotros damos por supuestas:

1) lo de los truchos (es que lo piensas y te entran escalofríos)

2) que haya que pagar para tener la posibilidad de que te premien.

El año pasado, hubo 26.900 inscripciones al festival de Cannes, que a mil euretes por inscripción da un total de 27 milloncejos, para un total de 34 Grandes Premios (demasiados premios para que sean grandes de verdad, ¿no?). Luego encima vas a Cannes a que en el Martínez te cobren 25 euros por un gintonic que avergonzaría al dueño de Cervecería Paco (Vallecas).

Está la cosa que un creativo puede recorrer el mundo saltando de cabeza en cabeza de los trofeos, sin llegar a tocar el suelo

Si nos fijamos en DM9, por elegir una agencia al azar que no sea probable que se sienta ofendida por este artículo y me vete para siempre en el proceloso mercado laboral, ¿compensa dedicarle tanto dinero y artimañas?

Un momento: ¿eso que se ve volando alrededor del creativo son varios London International Awards?

La gente se obsesiona con los premios, con la de cosas por las que uno puede obsesionarse en la vida, como por ejemplo la defensa del correcto uso de la coma del vocativo. Por eso hay quien dedica toda su carrera a hacer todo lo posible por ganarlos, y a veces sufren contrariedades dolorosísimas. Imagínate estar un año entero pensando ideas que no existen para productos que quizá tampoco, fingir en la agencia, ante todos los que sacan de verdad el curro, que lo que haces es muy importante, gastarte un dineral en inscribir tus piezas en 432 categorías… para que justo este año deje de estar de moda poner luz ultravioleta en tubos de escape de motos con sidecar y no te comas un rosco. ¡Menuda faena! Pero como dicen ellos: ¡bueno, pero mejor esto que tener que trabajar!

Como cada vez hay más festivales te pasas el año reformando videocases y pensando si tu idea encaja mejor en la Categoría Transformación de la Industria o en Banner poliédrico de menos de 50kb

Lo peor de todo es que esa dedicación a los premios era antes muy limitada en el tiempo (¡temporada de premios! y estabas dos únicos meses preparando inscripciones) y ahora como cada vez hay más festivales te pasas el año reformando videocases y pensando si tu idea encaja mejor en la Categoría Transformación de la Industria o en Banner poliédrico de menos de 50kb.

Rápido, que alguien me haga una infografía cambiando las frutas por trofeos de festivales publicitarios.

Está la cosa que un creativo puede recorrer el mundo saltando de cabeza en cabeza de los trofeos, sin llegar a tocar el suelo. De hecho, creo que Panini va a sacar un álbum de cromos de festivales publicitarios del mundo (si no, que alguien me dé el teléfono del señor Panini y vamos a medias). Colección de 290 cromos. Así en todos los saraos veríamos a directores creativos con tacos de cromos: Sile, nole, nole, sile, sile… Y luego intercambiarían los que tienen unos por los que tienen otros (no se vea aquí pulla, por favor).

Creo que Panini va a sacar un álbum de cromos de festivales publicitarios del mundo

Cuando yo era joven (hace dos o tres años) y estaba en Manifiesto, creamos los Daily Golden Awards, un festival en el que se premiaban todas las piezas inscritas. Cada pieza tenía su propia categoría, creada ad hoc para la ocasión. Era una forma de burlarnos de la profusión de festivales de los últimos tiempos, pero también de reconocer el trabajo que acarrea todas las piezas que hacemos a diario y que raras veces se agradece.

Un día estando en McCann (era aún más joven) se me ocurrió mirar debajo de las peanas de los trofeos que había en la agencia. En muchas había pegatinas con el origen de los trofeos:

Como el del trofeo del campeonato de petanca de tu barrio, sí.

(¿Guardo fotos de hace más de diez años por si en algún momento las puedo usar? SÍ. Y este artículo es la constatación de que el Chiqui del pasado TENÍA RAZÓN)

A lo mejor por eso me fascinan los que llevan la cuenta de los premios al dedillo. De vez en cuando digo, confieso que con un poco de arrogancia, que yo dejé de llevar la cuenta de los premios que había ganado cuando superaron mi número de años. Pasada cierta cantidad, ¿qué más da? ¿Importa tener 87 premios en lugar de 54? O 324 en lugar de 112 (que a lo mejor 87 ya es poco). ¿Cómo lo hacen? ¿Lo tienen en un excel y tras cada gala anotan diligentemente qué han ganado? ¿O sea, no rellenas las horas del Paprika nunca y esto sí lo haces, sinvergüenza?

Confieso que con un poco de arrogancia, que yo dejé de llevar la cuenta de los premios que había ganado cuando superaron mi número de años

En fin, en cualquier caso, a los que en Cannes pilléis premio (¡vaya verbo!), muchas felicidades. Cuesta mucho esfuerzo llegar hasta ahí. A los que no, concentrémonos en el trabajo. Creemos campañas especiales. Seamos autoexigentes, mejoremos. Escribamos mejores prompts.

Centrémonos en hacer un trabajo extraordinario.

Los premios acaban llegando.