
¿No odias cuando estás maniatado en una cadena de montaje, camino de una enorme sierra circular, y debajo de ti hay una piscina llena de hambrientos tiburones y un láser que te apunta a la frente se activará en cuanto te muevas y entonces oyes al malvado supervillano que te ha colocado en ese apuro decir: Su situación es desesperada, señor Bond, pero ahí está el reto?
Yo lo odio.
No, mira, Doctor Diabólico, te explico: eso no es un reto. Estás intentando matarme, canalla.
Cada vez que oigo “ahí está el reto”, yo quito el seguro de mi Browning.

A menudo, cuando un cliente te pide un imposible para que lo soluciones lo disfraza diciéndote que ahí está el reto. Digo cliente en un sentido amplio: puede ser Señor Cliente, tu director general, tu director creativo o tu mujer.
Lo peor es que no puedes contestar como quisieras, porque quien te lo pide es gente que se permite decirte cosas que nadie te diría en un bar. A ti en un bar te dicen: Ahí está el reto y piensas que te están desafiando a un duelo, como en aquel episodio de los Simpson (si eres de la generación Z y estás leyendo esto: Los Simpson es una célebre serie televisiva que explica todo lo que ha sucedido y sucederá).
En general odio ese tipo de frases que son eufemismos para no decir en voz alta: aquí tienes el marrón. Yo me desentiendo, jajaja. Plas plas (choca las palmas dos veces como si se hubiera manchado de algo).
En esa misma categoría están el «Yo no soy creativo pero» (te da una idea que te hace sangrar por los oídos). «No sé cómo se hace esto, yo no soy creativo» (te endosa un trabajo absurdo y contradictorio). «Tienes que salir de tu zona de confort» (se llama de confort porque se está a gusto dentro, ¿por qué querría empeorar mi situación?). «Me falta una idea wow« (dices wow porque si dijeras guau todos pensaríamos que eres un can). No sé si esto cumple el outsourcing de nuestro cartflow, habría que hacer un finetunning del shopboard (¿eh? ¡La gallina!).

La de ahí está el reto es quizá la peor, porque encima sugiere que si no lo superas es culpa tuya: era algo difícil, pero estaba a tu alcance. Ahí está el reto:
1) Transformar una frase de siete líneas en un claim de menos de seis palabras, sin que se pierda ninguno de los siete beneficios que menciona.
2) Rodar por 43.220 euros un anuncio como los que hace Nike.
3) Emocionar en un bumper de 6 segundos.
4) Resolver la conjetura de Poincaré en el copy out de un post de Instagram.

Reto es una palabra que tiene mejor fama que la que merece. Hasta las sandeces que se proponen a la chavalada para que las realicen se llaman retos y no sandeces. Porque si se llamaran Sandeces virales nadie las haría. Reto viral: ¿puedes meterte seis napolitanas de chocolate en la boca a la vez durante un tiempo muerto en un rodaje?
Propongo dejar de usar la palabra reto y sustituirla por palabras parecidas:
–Madre mía, tremendo agujero tienes en el pantalón: ¡ahí está el roto!
-Tienes que dejar de pensar en el trabajo en tu tiempo libre: ¡ahí está el rato!
-Enciende una cerilla y quema tres montoncitos triangulares de papeles: ¡ahí está el rito!
-¡Menudo atasco! Coge mejor la siguiente calle a la derecha: ¡ahí está la ruta!
-Ese que pensabas que era amigo tuyo te ha apuñalado por la espalda: ¡ahí está la rata!
En realidad un reto mola: algo que resulta difícil de conseguir y por tanto es satisfactorio cuando se logra: escribir una novela en un par de meses, respetar la dieta una semana completa o remontar en el minuto 93.
Lo que es odioso es pedir imposibles y hazañas y llamarlos retos, Doctor Diabólico (SPECTRA Marketing Manager).