Un análisis combinado de los datos de Pew Research Center (centrado en EE. UU.) y el estudio global de la Universidad de Melbourne y KPMG (que abarca 47 países) dibuja un mapa complejo donde la utilidad práctica choca frontalmente con el temor a la pérdida de la esencia humana y la falta de control.
A pesar de la integración tecnológica, el optimismo puro es escaso. En Estados Unidos, la brecha emocional se ha ampliado significativamente. El 50% de los adultos estadounidenses se sienten más preocupados que entusiasmados por el aumento del uso de la IA en la vida diaria, una cifra que ha aumentado desde el 37% registrado en 2021. Solo un 10% se declara más entusiasmado que preocupado.
A nivel global, la situación es similar pero matizada por la «ambivalencia». El estudio de KPMG revela que, aunque la mayoría siente optimismo y emoción, más de la mitad de las personas (54%) desconfían de los sistemas de IA. La tendencia es clara: desde 2022, la adopción de la IA ha aumentado drásticamente, pero la confianza ha disminuido y la preocupación ha crecido.
Brecha económica
Existe una división notable entre economías avanzadas y emergentes. Los ciudadanos de economías emergentes (como India, China, Nigeria y Brasil) muestran niveles mucho más altos de confianza, aceptación y uso de la IA que los de economías avanzadas (como EE. UU., Europa y Australia).
De hecho, el 80% de las personas en economías emergentes usan IA regularmente, frente al 58% en economías avanzadas, mientras que el 57% en economías emergentes confía en la IA, comparado con solo el 39% en las avanzadas.
Uno de los temores más profundos reflejados en los estudios es la erosión de las capacidades intrínsecamente humanas. Los estadounidenses son particularmente pesimistas al respecto:
- Creatividad: El 53% cree que la IA empeorará la capacidad de las personas para pensar creativamente.
- Relaciones: El 50% afirma que empeorará la capacidad de formar relaciones significativas con otros, frente a solo un 5% que cree que las mejorará.
- Pensamiento crítico: En las respuestas abiertas, muchos encuestados expresaron que la IA podría volver a las personas «perezosas» o menos capaces de pensar críticamente.
Curiosamente, los adultos jóvenes (menores de 30 años), quienes son los usuarios más frecuentes de la tecnología, son también los más críticos sobre estos impactos. El 61% de los jóvenes estadounidenses cree que la IA empeorará el pensamiento creativo, comparado con el 42% de los mayores de 65 años.
La realidad de la IA en la sombra
A pesar de los miedos, la utilidad de la IA es innegable. El 66% de la población global utiliza la IA intencionalmente de forma regular. El 58% de los empleados a nivel global utiliza IA en su trabajo regularmente. Sin embargo, la adopción no es uniforme; existe una clara brecha sectorial impulsada por la naturaleza del trabajo y el apoyo organizacional.
- Sectores líderes en adopción:
- Tecnología de la Información (TI): Lidera con un 85% de los empleados utilizando IA en el trabajo.
- Medios y Comunicación: Un 75% de adopción, impulsada por la generación de contenido.
- Servicios Financieros y Seguros: Con un 72% de uso, destacando en análisis y automatización.
- Sectores rezagados:
- Gobierno y Administración Pública: Muestra la tasa más baja con un 43%, posiblemente debido a regulaciones estrictas y aversión al riesgo.
- Salud y Asistencia Social: Con un 45%, a pesar del potencial en diagnóstico, la adopción individual es menor.
- Hostelería y Restauración: Un 46% de uso.
La gobernanza corporativa no sigue el ritmo de esta adopción, creando riesgos significativos. Casi la mitad de los empleados (48%) admiten haber subido información sensible de la empresa a herramientas públicas de IA. Además, más de la mitad (57%) evita revelar cuándo usan IA para completar su trabajo, operando en una especie de «IA en la sombra».
Uso intensivo en la educación
Los estudiantes son los usuarios más intensivos. El 83% de los estudiantes utiliza regularmente la IA en sus estudios. Aunque reportan beneficios como mayor eficiencia y personalización, también surgen problemas graves:
- Dependencia: Más de tres cuartas partes sienten que no podrían completar su trabajo sin la ayuda de la IA.
- Esfuerzo reducido: El 81% admite poner menos esfuerzo en sus estudios sabiendo que pueden confiar en la IA.
Qué queremos que haga la IA (y qué no)
La aceptación de la IA depende estrictamente de su función. Existe una clara distinción entre tareas analíticas y tareas humanas o subjetivas.
Los participantes en estos estudios muestran apertura a que la IA realice tareas de análisis de datos pesados: pronóstico del tiempo (74% a favor de un rol), búsqueda de delitos financieros (70%), o desarrollo de nuevas medicinas (66%). Por el contrario, existe un fuerte rechazo a la IA en asuntos personales o de alto juicio humano, como las decisiones sobre el gobierno de un país (60% en contra).
Regulación y control
La sensación de pérdida de control es palpable. El 61% de los estadounidenses desea tener más control sobre cómo se usa la IA en sus vidas. A nivel global, el 70% de las personas cree que la regulación de la IA es necesaria.
Los ciudadanos no confían en la autorregulación de la industria. Existe un consenso global sobre la necesidad de un enfoque regulatorio múltiple y transfronterizo:
- Leyes internacionales: Es la forma de regulación más respaldada, con un 76% de apoyo global. Los ciudadanos reconocen que la IA no tiene fronteras y exigen normas que trasciendan las jurisdicciones nacionales.
- Corregulación: Un 71% apoya un modelo híbrido donde la industria, el gobierno y los reguladores trabajen conjuntamente.
- Lucha contra la desinformación: Hay un mandato público claro: el 88% quiere leyes específicas para prevenir la propagación de desinformación generada por IA, y el 86% exige que las empresas de redes sociales implementen procesos de verificación de hechos más estrictos.
A pesar de estas demandas, existe una brecha crítica entre las expectativas y la realidad: solo el 43% de las personas cree que las leyes actuales son adecuadas para garantizar un uso seguro de la IA. Más preocupante aún es el desconocimiento: el 83% de las personas a nivel mundial no es consciente de ninguna ley o regulación que se aplique a la IA en su propio país.