Jesús Ovejero, director general de Manifiesto

Jesús Ovejero, director general de Manifiesto.

Con una experiencia de más de 17 años en grandes grupos de comunicación, Jesús Ovejero se ha puesto al frente de Manifiesto en calidad de director general. La agencia independiente de publicidad, con sede en Barcelona, Madrid y México, cuenta con más de 70 profesionales encargados de gestionar campañas nacionales e internacionales.

Manifiesto se fundó en Barcelona hace once años y en este tiempo se ha convertido en una agencia de referencia en el mercado catalán. Ahora, y tras la apertura de Madrid y el nombramiento de Ovejero como director general, la agencia se propone ampliar su influencia al mercado nacional y codearse con las primeras enseñas del sector.

¿Qué servicios ofrece Manifiesto?

Hacemos un poco de todo, lo que pasa es que al haber nacido hace once años, tenemos un marchamo digital. Nosotros trabajamos con ideas líquidas que resuelven problemas de los clientes; donde se implementen esas ideas nos es bastante irrelevante. Estamos cómodos en todos los medios.

¿Qué relación tienen las agencias de Madrid y Barcelona? ¿Cómo funcionan?

Nosotros tenemos muy claro que Manifiesto es una sola empresa y que nuestro sistema de trabajo y nuestra visión, que se resumen en el concepto “Actitud Manifiesto”, funcionan. El espíritu tiene que ser el mismo en todas las oficinas.

Es una única marca, y yo soy el responsable de las dos oficinas. La responsable creativa, Noelia Fernández, lo es de las dos, al igual que el resto de los jefes de departamento, como Jep Franco, director de servicios al cliente, Francisco Pou, director de nuevo negocio, y Ramón Martín, director de medios. Los esfuerzos son compartidos.

¿Tienen algún sistema de retribución con el que se sientan más cómodos?

Nos sentimos cómodos con el sistema que elija el cliente, siempre teniendo en cuenta que somos una empresa cuyo objetivo es ganar dinero. De hecho, tenemos pocos clientes que trabajan con honorarios fijos y más que lo hacen por proyecto. Pero también trabajamos con variable en función de los resultados. Si el cliente gana, ganamos todos.

La visión de la agencia, Actitud Manifiesto, insiste mucho en la transparencia. ¿Es lo que demandan actualmente clientes?

Creo que tiene que ver con nuestra forma de entender el negocio. El sector ha cambiado mucho. Tenemos que darle una vuelta de tuerca a nuestra profesión para reconquistar el prestigio que hemos ido perdiendo. Los clientes sienten que no les aportamos valor. Eso es culpa nuestra, de las agencias. Hemos sido poco corporativistas. Tenemos que recuperar nuestra posición en el mercado.

Otro de los valores en los que inciden en su discurso es la independencia. ¿Qué papel desempeñan las agencias independientes en este nuevo escenario?

Todos tenemos nuestro hueco. Las multinacionales seguirán teniendo sus clientes, sin duda; pero nosotros tenemos una agilidad que los grandes no tienen. Nosotros dependemos de nosotros mismos. A los grandes les cuesta más moverse. Nos adaptamos más fácilmente a las necesidades de los clientes. Cada vez hay más agencias independientes trabajando para grandes cuentas. La publicidad ha cambiado. Los presupuestos son cada vez más pequeños.

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¿Puede ser la agilidad de la que habla un estímulo para la creatividad?

Sí, claro. Es una cuestión de frescura. Tratamos con muchos clientes diferentes para los que ideamos soluciones distintas que aplicamos en todo tipo de medios. Y todo dentro de la agencia. El caudal de conocimiento es enorme, y se comparte constantemente. El conocimiento es creatividad.

¿Cuáles cree que han sido los cambios más determinantes en el mundo de la comunicación en los últimos años?

De diez años a esta parte el cambio ha sido brutal. La revolución tecnológica y digital ha pegado un revolcón a las agencias. Algunas nacimos con el cambio y hemos evolucionado con él, y otras están intentando adaptarse con más o menos fortuna. Lo que viene no lo sabe nadie. Tenemos que entender lo que pasa en la calle y reinventarnos para darle a la gente lo que quiere, que son básicamente experiencias. Estamos viviendo una época complicada y convulsa, pero apasionante.