El deseo de pasar menos tiempo frente al móvil choca con los hábitos cotidianos de buena parte de los usuarios. El 63,6% reconoce que dedica más tiempo del que le gustaría a las redes sociales y el 56,2% admite que su tiempo de pantalla supera el nivel deseado. Además, el 62,5% consulta el teléfono al acostarse y el 50,1% lo utiliza de forma automática mientras espera.
Los datos forman parte del II Estudio de Bienestar Digital de ING, elaborado junto a la Unión Española de Creadores, la Universidad Europea y la Universidad Politécnica de Valencia. El análisis se ha basado en 365 autoevaluaciones realizadas entre el 24 de junio y el 21 de julio de 2026 y ha estudiado 27 comportamientos vinculados con los hábitos de uso, la ciberseguridad, la protección de datos, la prevención de riesgos y la huella digital.
El informe también detecta diferencias entre lo que los participantes creen sobre su relación con la tecnología y sus prácticas reales. Aunque el 84,9% considera que mantiene el control, entre esas mismas personas el 58,7% mira el móvil en la cama y el 50,6% no controla su tiempo de pantalla.
Los usuarios obtienen mejores resultados cuando se enfrentan a riesgos concretos. Sobre una puntuación máxima de 100, alcanzan 90,7 puntos en prevención de riesgos y 83,9 en ciberseguridad. La valoración cae hasta los 64,9 puntos en hábitos de uso y hasta los 68,9 en huella digital y bienestar.
El 94,5% asegura que evitaría realizar operaciones desde una wifi pública y el 78% colgaría ante una llamada sospechosa de una persona que afirmara representar a su banco. Sin embargo, el estudio identifica comportamientos que aumentan la exposición a posibles amenazas: el 43,8% reutiliza contraseñas y el 35% acepta permisos de aplicaciones sin revisarlos.
Esta combinación explica que solo el 9,3% de los participantes haya alcanzado un nivel considerado sólido de bienestar digital. El informe apunta a que los usuarios muestran mayor capacidad para reaccionar ante amenazas evidentes que para mantener hábitos de uso equilibrados y seguros.
Las diferencias por edades aparecen sobre todo en la gestión cotidiana de la tecnología. Las personas de entre 20 y 29 años declaran comportamientos de ciberseguridad similares a los del grupo de 50 a 59 años, pero obtienen peores resultados en hábitos de uso. El estudio lo relaciona con un mayor consumo de contenidos, las interrupciones y el uso automático del teléfono.
El acompañamiento a los menores constituye otra de las áreas de mejora detectadas. El 50,7% de las respuestas señala que los menores de su entorno acceden a la tecnología sin reglas claras o que su uso se gestiona sobre todo mediante prohibiciones. Los autores plantean avanzar hacia una educación digital basada en reglas, explicación, acompañamiento y una autonomía progresiva.
ING y su proyecto de Bienestar Digital
A partir de los resultados, ING mantiene su proyecto de Bienestar Digital, centrado en la seguridad, los hábitos de uso y la salud mental. Una de sus primeras acciones ha sido Expertos al rescate, una serie de contenidos en la que especialistas abordan cuestiones relacionadas con el fraude, el consumo automático de contenidos y el impacto de las redes sociales.
La siguiente iniciativa será el Día del Detox Digital, previsto para el 10 de octubre, con el que la entidad busca promover una gestión más consciente del tiempo y la atención sin plantear el abandono de la tecnología. Después difundirá una serie de recomendaciones desarrolladas con especialistas en ciberseguridad y salud mental para reducir el scroll automático, gestionar notificaciones, proteger cuentas e identificar posibles comunicaciones fraudulentas.
Para sus clientes, ING también recomienda reenviar al Buzón SMS los mensajes sospechosos recibidos en nombre del banco para comprobar su legitimidad. Esta opción se suma a herramientas como Quién me llama, SOS Fraude, las alertas ante transferencias sospechosas y los mensajes verificados mediante tecnología RCS.