
¿No odias cuando entras en un ascensor y de repente el del quinto B sabe muchísimo sobre a dónde va la sociedad, lo que le gusta, lo que le mueve, lo que sea, y te lo cuenta aprovechando que no puedes escapar y a lo mejor hasta te pregunta a ti qué tendencias crees que van a dominar el 2026?
Yo lo odio.
Hay un anuncio mítico de Contrapunto para VISA en los años 80 en el que el actor Antonio Gamero, importante bigotón y calva, mira a cámara y dice: Todos los productos que han visto anunciados antes y todos los que verán después, los pueden comprar en todo el mundo con esta tarjeta. Pepinazo de anuncio. Qué sobriedad de recursos, qué impacto. Y rodado con cuatro pesetas, más lo que cobrara Antonio Gamero, que tampoco tenía el caché de Brad Pitt (imagino).
Pues bien, yo me estoy dejando crecer el bigote y la calva (llevo buen ritmo) para decir algo parecido aquí: todas las páginas anteriores y todas las posteriores a esta prediciendo el futuro… seguro que llevan razón.
PERO…
Como persona a la que le atropella la vida y que en estos momentos está viendo por primera vez Los Soprano (¡está bastante bien!), siempre me ha parecido que las tendencias son un modelo de lo que no hay que hacer. ¿No estamos demasiado pendientes de hacia dónde va todo el mundo en lugar de buscar algo que nos diferencie del resto? O sea, ¿no deberíamos publicar un especial IPMARK sobre antitendencias, cosas que nadie va a hacer en el 2026, que no están en el radar del público? Y hacerlas nosotros.
Siempre me ha parecido que las tendencias son un modelo de lo que no hay que hacer
Soy un poco ingenuo, quizá. A priori, no estoy en contra de saber qué le interesa a la gente y por dónde van a ir los tiros. Por ejemplo, conviene saber si la expresión “por dónde van a ir los tiros” tiene posibilidades de ponerse de moda o no, para ajustar el discurso y no parecer una persona que ha nacido en el siglo XX.
Lo que pasa es que tengo la impresión de que a veces la búsqueda de tendencias es como el surfero que escruta el mar intentando averiguar por dónde va a ir la ola buena; supongo que para aprovecharla y surfearla mejor (tengo poca experiencia en el surf). Pero otras veces recuerda a los adivinos de la Antigua Roma examinando las vísceras del pollo y soltando ideas al tuntún.
(Pongo la mano en el fuego por que los cazatendencias de esta revista son del primer grupo.)
Analizar lo que pasa y deducir lo que va a suceder es estupendo, pero el verdadero mérito sería haber previsto un acontecimiento inesperado, que nadie ve venir. Por ejemplo, que en el 2024 alguien hubiera predicho que en el 2025 nos arrasaría una fiebre mundial por esos muñecos horrorosos llamados Sonny angels. Y que sería sustituida por una fiebre mundial por esas muñecas horrorosas llamadas Labubus. Habría estado bien saberlo para huir previamente. O invertir.
Me ocurre también que yo me resisto irracionalmente a que me pastoreen. Igual por eso soy creativo, dentro de lo que cabe. A mí me dicen que el color de tal año va a ser el rosa palo 225C y me dan ganas de gritar: PORQUE TÚ LO DIGAS. Y de no usar el rosa palo en un año entero, puede que nunca. Además, ¿qué tienen que ver los palos con el rosa? Es más, voy a dedicar todas mis energías a que el color más usado sea el rosa chicle y no el rosa palo.
Esa va a ser mi tendencia este año: luchar contra las tendencias.
Voy a emplear esta tribuna en listar unas cuantas del 2025 que deberían desaparecer este año; para mi desgracia disfrutan de buena salud. Ojalá se conviertan en antitendencias antes de que me dé un ataque de nervios:
1) La tendencia de escribir turras canallitas en Linkedin pulsando al azar el intro para que parezca que sabemos escribir.
Igual que yo.
En este momento.
2) La tendencia de inventarse términos en inglés para darle empaque a lo que dices, o como decimos en círculos técnicos, word inventing.
3) Inventarse palabras en español para estar a la última, como esa que escuchaste en la última reunión y que era tan nueva que aún llevaba la etiqueta puesta.
4) La tendencia de los creadores de contenido de usar micrófonos de solapa sosteniéndolos con la mano.
5) Fingir que no existe la coma del vocativo. De verdad, no es tan difícil, José Luis.
6) Campañas publicitarias con juegos de palabras como si estuviéramos en 1983 o tuviéramos 12 años: Se pone a huevo (producto que lleva ídem). Es otro rollo (el producto es en espiral). Te partes la caja (es una caja de experiencias). Sigue la tendencia (un utensilio para tender la ropa).
A ver si lo logramos. Feliz tendencia.


