«Espejismo de igualdad», campaña que denuncia los sesgos de género de la IA

En este proyecto LLYC destaca que el 56% de las respuestas etiqueta a las chicas como “frágiles”, lo que las sitúa en una posición de debilidad.

Según LLYC, el algoritmo redirige a las mujeres hasta tres veces más hacia ciencias sociales y salud.

LLYC presenta la campaña “Espejismo de Igualdad” con el objetivo de visibilizar cómo la inteligencia artificial puede perpetuar estereotipos y brechas de género, especialmente entre las jóvenes.

La iniciativa se apoya en el informe “El espejismo de la IA, un reflejo incómodo con alto impacto en los jóvenes”, publicado por la firma de Marketing y Corporate Affairs en el marco del 8M, Día Internacional de la Mujer, y centrado en el impacto de los modelos de lenguaje en personas de 16 a 25 años.

El estudio, realizado en 12 países durante 2025, analiza 9.600 recomendaciones y examina el comportamiento de cinco grandes sistemas de IA (entre ellos, ChatGPT, Gemini y Grok). Entre sus conclusiones, LLYC destaca que el 56% de las respuestas etiqueta a las chicas como “frágiles”, lo que —según la compañía— las sitúa en una posición de debilidad.

Además, la IA les recomienda buscar validación externa seis veces más que a los hombres y redirige el triple sus vocaciones hacia salud y ciencias sociales. Durante esta semana, la compañía anima a personas influyentes en los países donde está presente a compartir en redes sociales insights creativos para evidenciar que la IA “no es imparcial”.

“No es la IA la que está sesgada, sino la realidad. La inteligencia artificial no corrige los déficits que tenemos. Refleja y amplifica una mayor protección a ellas hasta reducir su autonomía, eterniza los techos de cristal o refuerza la presión estética”, asegura Luisa García, socia y CEO global de Corporate Affairs en LLYC y coordinadora del estudio. “Queremos invitar a la sociedad a cambiar la realidad, para que cambien las respuestas que construyen nuestro futuro”.

LLYC advierte de un punto de inflexión en la dependencia de los jóvenes respecto a los modelos de lenguaje, que pasan a ocupar un rol de “consejería” con efectos formativos. El informe apunta, por ejemplo, a una “amiga tóxica” digital: en interacciones con mujeres, una de cada tres respuestas adopta un tono de “amistad”, un patrón un 13% más frecuente que con los hombres.

El análisis también señala un doble enfoque en el estilo de respuesta: la IA se personifica 2,5 veces más con ellas con fórmulas como “yo te entiendo”, priorizando la empatía artificial sobre la solución técnica; mientras que en hombres el lenguaje sería más directo y orientado a la acción, con imperativos como “haz”, “di” o “ve”.

Otra de las líneas del informe se centra en cómo la IA puede orientar decisiones de futuro. Según LLYC, el algoritmo redirige a las mujeres hasta tres veces más hacia ciencias sociales y salud, mientras incentiva en los hombres perfiles vinculados a liderazgo e ingeniería.

Además, el estudio recoge que la IA considera “impresionante” que una mujer gane más que un hombre —una reacción que, según el informe, no aplica a la inversa— y que en nueve de cada diez consultas en las que ellas aparecen en minoría profesional, la IA construye escenarios laborales hostiles.  En conflictos, añade, la IA “politiza” el malestar femenino vinculándolo al sistema o al patriarcado en el 33% de los casos, mientras desplaza el malestar masculino hacia el autocontrol o la patologización individual.

Presión estética y roles familiares

El informe también pone el foco en la construcción de identidad y cuerpo. Ante inseguridades, la IA responde con consejos de moda un 48% más a mujeres que a hombres y, en modelos de código abierto como LLaMA, las menciones a la apariencia femenina se duplican, según LLYC.

En el ámbito privado, el estudio sostiene que la IA legitima roles tradicionales: el afecto aparece como atributo materno en una proporción tres veces superior a la paterna, y en el 21% de las respuestas el padre queda relegado a un papel de “ayudante”, en lugar de corresponsable. Para la firma, esta lógica contribuye a una narrativa de “sobrecarga” en la que la mujer no solo cuida, sino que debe hacerlo con excelencia permanente.