La Semana Santa de 2026 confirma un cambio de tendencia en la forma de viajar: menos destinos masificados y más interés por enclaves con identidad, naturaleza y experiencias locales. Según coinciden distintos informes del sector turístico, el viajero apuesta cada vez más por escapadas que combinen autenticidad, paisaje y cultura, tanto dentro como fuera de España.
En el mapa nacional, uno de los destinos que gana protagonismo es Cabo Ortegal (A Coruña). Su reciente reconocimiento como geoparque y su paisaje abrupto, con algunos de los acantilados más altos de Europa, lo han situado entre las alternativas emergentes del norte peninsular para quienes buscan naturaleza en estado puro.
También se consolida Chelva (Valencia) como escapada de interior. Su casco histórico, con influencias andalusíes y cristianas, y su entorno natural —donde destaca el acueducto romano de Peña Cortada— responden a la creciente demanda de turismo rural con valor patrimonial.
En el sur, la Hoya de Guadix (Granada) se posiciona como uno de los paisajes más singulares del país. Sus formaciones geológicas y viviendas cueva atraen a un perfil de viajero interesado en destinos poco convencionales y altamente fotogénicos.
La primavera impulsa además destinos de naturaleza como Doñana y su entorno, donde el buen clima y la biodiversidad convierten estas fechas en uno de los mejores momentos del año para recorrer sus rutas a pie, en bicicleta o a caballo.
En la costa, Calpe (Alicante) sigue siendo una de las opciones más buscadas para escapadas breves. Su combinación de playas, clima templado y servicios turísticos la mantiene como una apuesta segura en fechas festivas.
Más al sur, los pueblos blancos de Cádiz viven un renovado interés gracias al auge del turismo de carretera y las rutas gastronómicas. Localidades como Grazalema, Zahara de la Sierra o Vejer de la Frontera ofrecen una alternativa tranquila frente a los destinos más saturados.
Cierra la lista nacional la provincia de Almería en su vertiente interior, con enclaves como el desierto de Tabernas, las cuevas de Sorbas o la sierra de los Filabres, que están despertando interés entre quienes buscan experiencias diferentes más allá del turismo de sol y playa.
En el ámbito internacional, uno de los destinos más accesibles y en auge es Chauen (Marruecos). Su cercanía a España, su estética característica y su entorno natural la convierten en una escapada cada vez más popular en primavera.
Más lejos, Japón continúa en plena expansión como destino turístico global. La coincidencia de la Semana Santa con la temporada de floración del cerezo refuerza su atractivo, especialmente entre quienes buscan un viaje experiencial de mayor recorrido.
Por último, Salerno (Italia) emerge como alternativa a ciudades más saturadas. Situada a las puertas de la costa amalfitana, permite combinar patrimonio, gastronomía y mar en un mismo viaje, con un ambiente más relajado.
En conjunto, la Semana Santa de este año dibuja un viajero más selectivo, que prioriza destinos con personalidad propia y experiencias memorables. La tendencia es clara: menos lugares evidentes y más historias que descubrir.